Novela

La Rosa Alucinógena

Mi madre veía arañas en las paredes: terroríficas arañas que andaban por sus noches oscuras de la imaginación. En su juventud había sido una belleza atormentada, con su mirada perdida entre tantas tardes de lluvia. Su afición era ponerse en una banqueta de la cocina, delante de la ventana, y mirar hacia el infinito, hacia ningún punto que la pudiese distraer de su mente, que vagaba por el vacío de la neurosis.